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Yajaira accedió al pedido y se levantó la blusa dejando sus piernas todas
al descubierto. Admiré sus sensuales caderas y vi sus bragas blancas y pequeñas.
Me mostró hasta su ombligo. No podía creer la maravillosa vista de mi querida
y sensual amiga. Quería poseerla, hacerle al amor ahí mismo.
De pronto ella me miró a los ojos sonriendo; parecía que estaba disfrutando
mostrarse para mi placer. Yo me volteé casi por completo dejando fácil la
vista de mi verga parada. Ella bajó un poco la vista hasta mi miembro, siempre
sonriendo, y fue alternando su mirada entre mis ojos y mi pene.
- Date vuelta – le pedí esta vez.
Ella se volteó, ofreciéndome la visión de su culo vestido con su diminuta
tanga blanca. Me volví loco con ese culo redondo que siempre había visto
envuelto en sus pantalones o debajo de sus faldas.
De repente, Yajaira se quitó la blusa, dejando su espalda desnuda. Ahora yo
la contemplaba de atrás, sólo vestida con su tanga. Volteó sólo su cabeza
para mirarme, yo estaba completamente de frente hacia ella, haciendome una buena
paja. Ella comenzó a acariciarse las nalgas con sus manos, mientras me miraba
fijo.
Yo no podía más, di unos pasos acercándome hacia ella.
- ¡Cuidado! – me detuvo – es sólo para que te masturbes.
Me estaba volviendo loco, quería tocarla. Llevé una mano a su muslo y
comencé a acariciarlo suavemente.
- Mmmmhhh... – gimió Yajaira.
- ¿Te gusta? – le pregunté.
- No hagas eso, es peligroso.
- ¿Te calienta?
- ¡Sí, por favor, para!
Sentí que la tenía en mis manos, eso me excitó aún más. Subí con la
mano hasta su cadera, y se la pasé por el culo. Le tomé una nalga con mi mano,
mientras con la otra seguía pajeándome.
- Basta, por favor, no me hagas eso – me rogaba.
No pude más, dejé de masturbarme, la tome de la cintura con mis manos y la
traje hacia mí de espaldas, hasta pegarle mi duro y grueso pedazo a su cola.
Enseguida, le empecé a besar el cuello con voracidad.
- ¡No, no lo hagamos, somos sólo amigos! ¿recuerdas?
Pero yo ya no la oía, la abracé y le acaricié el abdomen y las tetas. Sentí
esas enormes tetas duras en mis manos, para mí era un sueño, mi amiga sensual
que tanto me calentaba, ahora la tenía así, entre mis brazos.
De pronto, Yajaira me apartó con fuerza y se dio vuelta. Se quedó frente a
mí, mirándome a los ojos y jadeando. Ahí estaba, mostrándome sus tetas como
deliciosos melones.
- Quédate quieto – me dijo. – Déjame hacer a mí.
Se arrodilló, tomo mi verga entre sus manos y me empezó a masturbar ella. Le empezó a dar lengüetazos en la punta, después pasó la lengua desde la base hasta la punta hasta que se la metió en la boca. Me chupaba la pija, mientras me acariciaba las bolas deliciosamente. Me pasaba la lengua por la cabeza, volviéndome loco de placer. Después empezó a chuparme las bolas, mientras con la mano me hacía una buena paja.
Luego, puso mi pija entre sus grandes tetas y me hizo una cubana, dándole
lambiditas. Yo estaba a punto de acabar cuando ella se detuvo, pareciendo
adivinar que estaba por estallar. Se puso de pie y me dio un beso en la boca, al
que le correspondí penetrando en su boca con mi lengua; ella me dio la suya y
nos entrelazamos las lenguas besándonos furiosamente. La tomé de la cintura y
la traje hacia mí; mi verga parada se pegaba a su vientre, ella la agarró con
una mano, bajé mis manos hacia su cola apretándole las nalgas. Bajé con mi
lengua por su cuello, ella levantó la cabeza para ofrecérmelo, llegué a su oído
y le dije:
- Yajaira, sos una locura.
- Tú también me estás enloqueciendo – me respondió.
- Quiero cojerte toda.
- Cójeme, tírame, hazme lo que quieras.
Con un movimiento de mis brazos la hice acostarse sobre la alfombra. Ella se acostó boca abajo, dejándome ver su cola con su hilo dental metido entre sus carnosas nalgas. Le pasé la lengua trazando una línea por el medio de su espalda de abajo hacia arriba, hasta su nuca.
Comencé a besar su cola, después le di lambidas y mordiscos en las nalgas. Finalmente le quité las bragas deslizándolas por sus piernas hasta abajo. Cuando tuve su culo desnudo frente a mí, le abrí las nalgas un poco y metí mi lengua en su ano, dándole un beso negro y llenándoselo de saliva, mientras pasaba los dedos por su puchita, que ya estaba bien mojada. Mojé mis dedos y busqué su clítoris, y empecé a masajeárselo.
Sentía como ella se retorcía y gemía mientras yo le chupaba el culo y le
sobaba la panocha. Después bajé con mi lengua hasta su vagina metí mi nariz
entre sus labios y empecé a lamerle el clítoris. Los gemidos de Yajaira eran más
fuertes y me ponían como una fiera. La di vuelta y la vi desnuda boca arriba,
con sus grandes tetas, abierta de piernas con su conchita roja y mojada, y una
cara de excitada que me calentaba aún más. Metí de nuevo mi cara entre sus
piernas y le metía la lengua en su vagina, la estaba cojiendo con la lengua, y
mi cara se empapaba de sus fluídos, que eran deliciosos, me los bebía con
placer, y me encantaba oler su panocha. Levanté la cabeza y le empecé a
estrujar las tetas, se las amasaba endemoniadamente y le daba pellizcos en los
pezones. Me metí una de sus tetas en mi boca, se la chupé, se la mordí, la
masticaba con un hambre atroz, y con una mano le metí dos dedos en la conchita.
- Métemela. Quiero tu verga adentro mío – me pidió.
- Primero no querías cojer y ahora estás hecha una puta – le dije.
- Sí, hazme tu putita. Quiero que me hagas gozar como una perra.
Tomé mi pija con la mano, la apunté a la entrada de su concha y se la metí.
Entró deslizándose rico, ya que estaba muy lubricada. Me la cojía con fuerza
y ritmo mientras la besaba en la boca y, cada tanto, le iba diciendo:
- Así, guachita, así... Movete así, putita...
- Más..., dame más... Estoy muy caliente.
- No sabés cuánto tiempo esperé para tenerte así, para cojerte toda.
- Ahora puedes desquitar tu calentura con tu amiga.
Y así seguimos, mientras le chupaba las tetas, le acariciaba las piernas y
la cola, y jugaba con un dedo en su ano, que le fui metiendo de a poco y fui
abriéndoselo; después le metí dos dedos y ella gritaba de dolor.
- ¿Te duele? – le pregunté.
- Sí, un poco, pero está delicioso, es muy placentero.
Nos dimos vuelta. Me acosté boca arriba y ella se montó sobre mi pija, metiéndosela
toda adentro. Empezó a cabalgarme con fuerza, me acercó las tetas para que se
las chupe. Yo le chupaba las tetas y le volví a meter los dedos por el culo.
Llegué a meterle tres dedos. Ella levantó la cabeza y empezó a saltar sobre
mi verga, estaba enloquecida. Yo veía como le saltaban las tetas y me volvía
muy loco. Finalmente, Yajaira dio un grito de orgasmo y sentí como se contraía
su panocha. Después de un breve silencio le dije:
- Quiero darte por el culo.
- Sí... – respondió jadenado. – Lo quieras, amor.
Se levantó y se puso en cuatro con su culo para arriba. Le apunté mi verga
a su ano y le metí la punta. La movía circularmente para abrírselo un poco, y
fui metiéndosela de a poco. Cuando ya estaba casi toda adentro, le empecé a
dar duro.
- Siempre soñé con partirte el culo así – le dije.
- Sí, rómpeme toda.
- Aaahhh.
- Oooohhh.
- Mmmhhhh.
Hasta que no pude más y disparé un chorro de semen con el que llené el
culo.
- Mmmhhh... ¡Qué delicia tu leche calentita! – dijo Yajaira, sintiendo
como chorreaba mi leche y desbordaba por fuera de su ano.
Me quedé contemplando su culo manchado de leche. Se la saqué y me tendí al
lado de ella.
- ¿Te gustó, linda? – le pregunté.
- Sí, amor, me encantó.
- A mí también.
Yajaira pasó una mano por mi pecho, me di vuelta hacia ella y la abracé.
- Te quiero mucho – le dije.
- Yo también te quiero, amor – me respondió.
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